La Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII) es un término que agrupa enfermedades crónicas caracterizadas por una inflamación persistente del aparato digestivo. Las dos formas principales son la Colitis Ulcerosa (CUCI) y la enfermedad de Crohn.
La EII suele alternar períodos en los que la enfermedad está activa, conocidos como brotes, con períodos de remisión, en los que la inflamación está controlada y los síntomas disminuyen o pueden desaparecer. La forma en que se presenta y evoluciona puede ser diferente en cada persona.
Aunque todavía no se conoce una causa exacta, se sabe que en su desarrollo intervienen diferentes factores, entre ellos la respuesta del sistema inmunológico, la genética y la microbiota intestinal.
La Colitis Ulcerosa es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta exclusivamente el intestino grueso (colon y recto).
La inflamación comienza habitualmente en el recto y puede extenderse de manera continua hacia otras partes del colon. Afecta principalmente la capa más interna de la pared intestinal, conocida como mucosa.
Su extensión y actividad pueden variar de una persona a otra y también a lo largo del tiempo.
La enfermedad de Crohn es una enfermedad inflamatoria crónica que puede afectar cualquier parte del aparato digestivo, desde la boca hasta el ano, aunque con frecuencia compromete la parte final del intestino delgado —el íleon— y/o el colon.
A diferencia de la Colitis Ulcerosa, la inflamación en Crohn puede extenderse a través de diferentes capas de la pared intestinal.
La localización, extensión y comportamiento de la enfermedad pueden ser diferentes en cada persona.
Aunque la Colitis Ulcerosa y la enfermedad de Crohn comparten algunas características, la Enfermedad Inflamatoria Intestinal no se manifiesta de la misma manera en todas las personas.
Algunas personas presentan síntomas frecuentes e intensos, mientras que otras pueden pasar largos períodos con pocos síntomas o sin ellos. La enfermedad también puede afectar diferentes partes del sistema digestivo, tener distintos niveles de actividad y responder de manera diferente a los tratamientos.
Además, su impacto va más allá de los síntomas digestivos. Dependiendo de cada caso, la EII puede influir en la alimentación, el trabajo, los estudios, las relaciones sociales y el bienestar emocional.
Por eso, no existe una única experiencia de vivir con EII ni un tratamiento que funcione igual para todas las personas. El seguimiento médico individualizado es fundamental para evaluar la actividad de la enfermedad, ajustar los tratamientos cuando sea necesario y prevenir complicaciones.
También es importante recordar que una persona puede verse bien físicamente y aun así estar enfrentando síntomas o dificultades que no son visibles para los demás.
Los síntomas de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal pueden variar según el tipo de EII, la zona del aparato digestivo afectada y la actividad de la enfermedad. No todas las personas presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:
- Diarrea persistente o recurrente.
- Dolor abdominal.
- Sangre o moco en las heces.
- Urgencia para ir al baño.
- Diarrea nocturna.
- Pérdida de peso no intencionada.
- Fatiga o debilidad.
- Pérdida de apetito.
Aunque la Colitis Ulcerosa y la enfermedad de Crohn afectan principalmente el sistema digestivo, también pueden producir inflamación y otras manifestaciones en diferentes partes del cuerpo. Estas se conocen como manifestaciones extraintestinales y pueden aparecer antes, durante o después del diagnóstico de EII.
Entre las principales manifestaciones se encuentran:
- Articulaciones: dolor, inflamación o rigidez en articulaciones como rodillas, tobillos, caderas y muñecas. Algunas personas también pueden presentar dolor e inflamación en la columna vertebral.
- Piel: pueden aparecer lesiones inflamatorias, como el eritema nudoso, que produce nódulos rojizos y dolorosos, generalmente en las piernas, o el pioderma gangrenoso, una afección menos frecuente que puede provocar úlceras dolorosas en la piel.
- Ojos: inflamaciones como la uveítis y la epiescleritis, que pueden causar enrojecimiento, dolor, sensibilidad a la luz o alteraciones en la visión.
- Boca: algunas personas presentan aftas o pequeñas úlceras dolorosas que pueden dificultar la alimentación.
- Hígado y vías biliares: ciertas personas pueden desarrollar enfermedades asociadas, como la colangitis esclerosante primaria, que afecta los conductos biliares y requiere seguimiento especializado.
Es importante saber que no todas las personas con EII presentan estas manifestaciones. Algunas pueden relacionarse con la actividad inflamatoria intestinal, mientras que otras pueden aparecer incluso cuando los síntomas digestivos están controlados.
Además, las personas con EII pueden presentar otras complicaciones o condiciones asociadas, como anemia, deficiencias nutricionales y problemas de salud ósea, que también requieren atención.
Por eso, es fundamental informar al equipo médico sobre cualquier síntoma nuevo, aunque parezca no tener relación con el intestino. Reconocer estas manifestaciones permite realizar una evaluación oportuna y brindar una atención más integral.
El diagnóstico de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal no se realiza con una única prueba. El médico toma en cuenta los síntomas, la historia clínica y los resultados de diferentes estudios que permiten identificar si existe inflamación, dónde se encuentra y cuáles son sus características.
Exámenes de laboratorio
Los análisis de sangre y de heces aportan información importante durante el proceso diagnóstico. En sangre pueden evaluarse marcadores de inflamación, como la proteína C reactiva (PCR), además de detectar anemia, deficiencias nutricionales u otras alteraciones. Los estudios de heces también pueden ayudar a descartar infecciones u otras posibles causas de los síntomas.
Calprotectina fecal
La calprotectina fecal es una proteína que puede medirse mediante una muestra de heces. Cuando sus niveles están elevados puede indicar la presencia de inflamación intestinal.
Es una herramienta muy útil tanto para determinar si es necesario realizar estudios adicionales como para monitorear la actividad de la enfermedad y la respuesta al tratamiento. Sin embargo, por sí sola no establece el diagnóstico de EII.
Endoscopias y biopsias
La colonoscopia es una herramienta fundamental para el diagnóstico de la EII. Permite observar directamente el interior del colon y la parte final del intestino delgado e identificar áreas de inflamación.
Durante el procedimiento pueden tomarse pequeñas muestras de tejido, llamadas biopsias, que posteriormente son examinadas al microscopio y aportan información importante para establecer el diagnóstico. Dependiendo de cada caso, también pueden ser necesarios otros estudios endoscópicos.
Ultrasonido intestinal
El ultrasonido intestinal es un estudio no invasivo y sin radiación que permite evaluar el intestino mediante ondas de sonido.
En personas con EII puede ayudar a identificar inflamación y engrosamiento de la pared intestinal, así como algunas complicaciones, entre ellas estenosis, fístulas o abscesos. También puede utilizarse posteriormente para monitorear la evolución de la enfermedad y la respuesta al tratamiento.
El diagnóstico es un proceso
Los estudios necesarios no son exactamente los mismos para todas las personas. El especialista determinará cuáles son apropiados de acuerdo con los síntomas, los hallazgos iniciales y la sospecha clínica.
Una vez establecido el diagnóstico, varias de estas herramientas continúan siendo importantes para evaluar la actividad de la enfermedad y dar seguimiento al tratamiento.
Esta información tiene fines educativos y no sustituye la valoración ni las indicaciones de su equipo de salud.
El tratamiento de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII) tiene como objetivo controlar la inflamación, alcanzar y mantener la remisión, prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida de las personas que viven con Colitis Ulcerosa o enfermedad de Crohn.
Aunque actualmente no existe una cura definitiva para estas enfermedades, los tratamientos disponibles permiten que muchas personas alcancen períodos prolongados de remisión y mantengan sus actividades cotidianas.
Un tratamiento adaptado a cada persona
No existe un único tratamiento adecuado para todos los pacientes. Su elección depende del tipo de EII, la localización y gravedad de la inflamación, la evolución de la enfermedad, la respuesta a tratamientos anteriores y las características individuales de cada persona.
Además, las necesidades de tratamiento pueden cambiar con el tiempo. Por eso, el seguimiento médico periódico es fundamental para evaluar la evolución de la enfermedad y realizar ajustes cuando sean necesarios.
Más allá de controlar los síntomas: el tratamiento por objetivos
Actualmente, el manejo de la EII incorpora una estrategia conocida como Treat-to-Target, o tratamiento por objetivos.
Este enfoque reconoce que sentirse mejor no siempre significa que la inflamación intestinal haya desaparecido. Por eso, además de evaluar los síntomas, el equipo médico utiliza herramientas como análisis de laboratorio, marcadores de inflamación y estudios endoscópicos para determinar si el tratamiento está logrando los resultados esperados.
Entre los principales objetivos se encuentran:
- Controlar la inflamación intestinal.
- Alcanzar y mantener una remisión sostenida.
- Favorecer la cicatrización de la mucosa intestinal.
- Reducir el riesgo de brotes, hospitalizaciones y complicaciones.
- Mejorar la calidad de vida y prevenir las limitaciones que la enfermedad puede generar.
La calidad de vida también es un objetivo del tratamiento
Las recomendaciones internacionales reconocen que el éxito del tratamiento no debe evaluarse únicamente mediante resultados clínicos o exámenes médicos.
También es importante considerar cómo se siente la persona y de qué manera la enfermedad afecta su vida cotidiana: su capacidad para trabajar, estudiar, alimentarse, descansar, compartir con otras personas y realizar las actividades que disfruta.
Esto significa que las necesidades, preocupaciones y expectativas del paciente deben formar parte de las decisiones sobre su tratamiento.
La participación del paciente es fundamental
Comprender la enfermedad, asistir a los controles médicos, comunicar los síntomas y expresar cómo la EII afecta la vida diaria permite construir una atención más individualizada.
El tratamiento debe ser una decisión compartida entre el paciente y su equipo de salud, basada en la evidencia médica y en las necesidades de cada persona.
Es importante no suspender ni modificar los tratamientos sin consultar previamente con el médico tratante.
Actualmente existen diferentes grupos de medicamentos para el tratamiento de la Colitis Ulcerosa y la enfermedad de Crohn. Estos actúan de distintas maneras para controlar el proceso inflamatorio.
Aminosalicilatos
Son medicamentos con acción antiinflamatoria utilizados principalmente en el tratamiento de la Colitis Ulcerosa.
Dentro de este grupo se encuentran medicamentos como la mesalamina y la sulfasalazina.
Corticosteroides
Se utilizan para controlar la inflamación durante determinados brotes de la enfermedad. Debido a los posibles efectos asociados con su uso prolongado, generalmente se emplean durante períodos limitados y bajo supervisión médica.
Entre ellos se encuentran la prednisolona y la budesonida.
Inmunomoduladores
Son medicamentos que actúan modificando la respuesta del sistema inmunológico y pueden utilizarse en determinados pacientes como parte de la estrategia para mantener controlada la enfermedad.
Entre ellos se encuentran la azatioprina y el metotrexato.
Terapias biológicas
Los medicamentos biológicos actúan sobre moléculas o mecanismos específicos involucrados en el proceso inflamatorio.
Existen diferentes tipos de terapias biológicas y su elección dependerá de las características de la enfermedad y de cada paciente.
Entre los medicamentos utilizados en EII se encuentran adalimumab, infliximab, ustekinumab y guselkumab.
Terapias dirigidas
En los últimos años se han incorporado medicamentos que actúan sobre vías específicas involucradas en la respuesta inflamatoria.
Entre estas opciones se encuentran tofacitinib y upadacitinib.
Contar con información confiable sobre los medicamentos también forma parte del cuidado.
Con autorización del Centro Nacional de Información de Medicamentos (CIMED) de la Universidad de Costa Rica, ponemos a disposición materiales educativos con información sobre algunos de los medicamentos utilizados en Enfermedad Inflamatoria Intestinal, incluyendo sus usos, posibles reacciones adversas y principales precauciones.
Estos materiales tienen fines educativos y no sustituyen la orientación de su médico tratante. No modifique ni suspenda sus medicamentos sin consultar con un profesional de salud.
En algunas personas, la cirugía puede formar parte del tratamiento de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal, especialmente cuando existen complicaciones o cuando otras opciones terapéuticas no permiten controlar adecuadamente la enfermedad.
El tipo de cirugía y el momento en que puede ser necesaria dependen de cada caso. Incluso después de una intervención quirúrgica, el seguimiento médico continúa siendo una parte importante del cuidado de la persona con EII.
En determinados casos, la cirugía puede requerir la creación de una ostomía, que puede ser temporal o permanente.
Apoyo para personas ostomizadas
La Asociación de Ostomizados de Costa Rica (OstoCR) es una organización de pacientes que brinda información, orientación y acompañamiento a personas que viven con una ostomía y sus familias.
A través de actividades educativas y espacios de apoyo, OstoCR busca facilitar la adaptación a esta nueva condición, promover el autocuidado y mejorar la calidad de vida de las personas ostomizadas.
Contacto OstoCR
- Teléfono: 8347-1160
- Correo: ostocostarica@gmail.com
